Jordania 2014. Odisea en el espacio. Episodio VI

publicado en: Jordania, Rutas, Viajes | 0

Último episodio de la saga y, por fin, por lo que este viaje, que en principio era sin bicicleta, se convirtió en bicicletero. Rodar por el desierto del Wadi Rum. Tenía muchisimas ganas de meterme en un berengenal así, aunque luego resultó ser más sencillo de lo que parecía a primera vista. Después de que los locales nos desanimasen diciéndonos que no podríamos cruzarlo, de las reseñas en castellano que tampoco alentaban a intentarlo y de unos canadienses cicloturistas que nos encontramos nos comentaran de la dificultad de la travesía, decidimos probar a visitarlo en bici y, según como nos fuera, intentar la travesía. Salimos por la mañana temprano con el mapa de las cosas interesantes que ver en el desierto, arcos de roca, cañones, petroglifos. Y fuimos rodando con cierta dignidad en la mayoría de los casos.

Espectacularrrrrrr!!! Wadi Rum
Espectacularrrrrrr!!!
Rodando por la arena.
Rodando por la arena.
En este tramo la cosa se complicaba un poco. Wadi Rum
En este tramo la cosa se complicaba un poco.
15-Jordania-240
La “Holander” en una playa sin mar…
Mas paisajes.
Mas paisajes.
A la sombra en un siq.
A la sombra en un siq.

Nuestro primer objetivo: un siq en el que hay petroglifos. Al principio cuesta coger el equilibrio, pero es como por la nieve: un poco de balance y ritmo, y a funcionar.

El paisaje me maravilla, no es especialmente desierto, hay campamentos por todas partes y sale gente de debajo de las piedras.

Después del siq nos dirigimos a ver unos arcos de piedra que están más alejados. Después de unas dunas, cuando estamos ya lejos, de repente aparecen dos niños con sus tirachinas cazando lagartos (que aquí son bastante grandes). En cuanto nos ven se acercan y mayor me pide que le deje la bicicleta. Apenas llega a los pedales sentado en la barra, va descalzo con lo que pinchan los pedales, pero sube baja por la arena y derrapa. Solo por verle la cara de felicidad merece la pena. Aparece su hermana y el padre, la situación es muy cómica, porque no entendemos lo que les dice el padre pero lo sabemos perfectamente, devuelveles la bici y ya vale!!!, como te caigas!!!, ten cuidado!!!  El pequeño llora porque no llega a los pedales, así que la hermana lo empuja. Los niños son niños en todos los sitios. El padre nos invita a tomar té y a comer de su comida. Es pastor y tiene el rebaño por los alrededores y se ha traido a la familia a comer al campo.

Continuamos al famoso arco y tras internarnos en un par de barrancos y a punto de tirar la toalla, nos encontramos con una cuadrilla de niños que vienen corriendo hacia nosotros desde una tienda lejana. Cuando llegan a nuestro lado, nos ayudan a llegar al arco que resulta que está en lo alto de unos de los jebel y desde aquí es diminuto. Le hacemos una foto, el niño me pide la bici, se la dejo un rato pero tenemos que volver que hemos agotado la mitad del agua y hay que volver al pueblo para comprar comida y salir hacia Aqaba.

Los camellos nos observan sorprendidos.
Los camellos nos observan sorprendidos.

 

El desierto habitado, aquí con un colega.
El desierto habitado, aquí con un colega.

 

Bien de agua...
Bien de agua…

 

Nuestra ancha huella, nos hace flotar.
Nuestra ancha huella, nos hace flotar.

 

Mas camellos.
Más camellos.

 

 

Los niños.
Los niños.
Como nos gustan las bicis a los niños..
Como nos gustan las bicis a los niños..

 

Tras reponer agua y comida para cruzar el desierto hasta Aqaba, salimos con la calma, que el sol aprieta y es cuesta arriba. Decidimos encaramarnos en un peñasco para dormir, no me fio de los rallyes nocturnos beduinos. La noche es fresca, a primera hora de la mañana desayunamos y continuamos rumbo a Aqaba. El terreno pasa a pedregoso y con torrenteras de agua que cortan el camino. De repente oigo ladridos y veo una jauría de perros en la lejanía corriendo hacia nosotros. Le digo a Elena que apriete que no me apetece ver lo amistosos que son. Como la pista se deja no tardamos en dejarlos atras. Finalmente, cogemos un barranco que nos lleva hasta una carretera que nos depositará en la Desert Highway. No ha sido tan difícil, solo hay que tener precaución, cualquier problema aquí puede ser chungo.

Nuestro nidito.
Nuestro nidito.
Rumbo a Aqaba.
Rumbo a Aqaba.
Poco a poco la arena desaparece y aparece la roca.
Poco a poco la arena desaparece y aparece la roca.

Tras un descenso a toda mecha hasta el nivel del mar ya estamos en Aqaba y esto se acaba (si no lo digo reviento) xD.

 

Por fin el Mar Rojo.
Por fin el Mar Rojo.
Nuestro merecido granizado.
Lo que los médicos no recomiendan…Nuestro merecido granizado.
No solo yo me lo tomé.
No solo me lo tomé yo.




 

P.D: Lo niños siguen sin animarse a tirarnos piedras.

Dejar una opinión

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *